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¿Signos de deterioro cognitivo pero aún es funcional?

Giovana Femat Roldán 13 de junio de 2025 Padecimientos

¿Signos de deterioro cognitivo pero aún es funcional?

A menudo escuchamos frases como “se le olvidan las cosas, pero todavía puede hacer todo” o “solo está distraído por la edad”. Estas afirmaciones minimizan lo que podría ser una de las etapas más importantes para detectar y abordar un deterioro cognitivo incipiente. El hecho de que una persona aún sea funcional no significa que no esté atravesando un proceso patológico. Al contrario, es precisamente en esta etapa cuando las intervenciones pueden ser más efectivas, especialmente si se cuenta con la orientación de un neuropsicólogo.

¿Qué es el deterioro cognitivo?

El deterioro cognitivo es una alteración en una o varias funciones mentales, como la memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas o la velocidad de procesamiento. No siempre implica una enfermedad neurodegenerativa avanzada: existen distintos grados y formas.

Cuando los síntomas son sutiles y aún no interfieren de forma significativa en la vida diaria, se habla de deterioro cognitivo leve (DCL). Esta condición representa un punto intermedio entre el envejecimiento normal y una demencia como la enfermedad de Alzheimer.

¿Cómo saber si es deterioro cognitivo leve y no solo “cosas de la edad”?

La clave está en observar cambios recientes en el rendimiento cognitivo. Algunas señales que deben llamar la atención son:

  • Dificultad para recordar eventos recientes, nombres o citas importantes.
  • Problemas para concentrarse o mantener la atención en tareas simples.
  • Mayor lentitud al procesar información o responder a preguntas.
  • Repetición frecuente de preguntas o comentarios.
  • Problemas para tomar decisiones que antes resultaban fáciles.
  • Dificultad para planificar o seguir instrucciones secuenciales (como preparar una receta).

El envejecimiento normal puede implicar olvidos ocasionales, pero cuando estas situaciones son persistentes, notadas por el entorno, y representan una disminución respecto al nivel previo de funcionamiento, es momento de consultar a un profesional.

¿Por qué es importante actuar si aún hay funcionalidad?

Uno de los mitos más frecuentes es que mientras la persona “siga funcionando”, no hay de qué preocuparse. Sin embargo, la compensación funcional no significa que no exista daño cognitivo. Gracias a la reserva cognitiva, algunas personas logran ocultar los síntomas más tiempo, pero el proceso neurodegenerativo puede estar avanzando silenciosamente.

Detectar el deterioro cognitivo leve permite:

  • Realizar un diagnóstico diferencial con otras causas tratables (depresión, ansiedad, déficit vitamínico, efectos de medicamentos, hipotiroidismo, etc.).
  • Iniciar una evaluación neuropsicológica que delimite qué áreas están afectadas.
  • Establecer un plan de seguimiento clínico y monitorización.
  • Aplicar estrategias de intervención cognitiva personalizadas.
  • Mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno familiar.
  • Identificar factores de riesgo modificables, como la hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, sedentarismo o aislamiento social.

¿Qué papel tiene el neuropsicólogo?

El neuropsicólogo evalúa el funcionamiento del cerebro a través de pruebas especializadas que permiten detectar alteraciones sutiles en memoria, lenguaje, atención, funciones ejecutivas y más.

Con esta evaluación se puede:

  • Determinar si se trata de un deterioro cognitivo leve, una demencia, o si los síntomas se deben a otros factores (como depresión o ansiedad).
  • Identificar qué funciones cognitivas están conservadas y cuáles requieren apoyo.
  • Diseñar un programa de rehabilitación cognitiva individualizado, con ejercicios que estimulan el cerebro.
  • Sugerir adaptaciones en el entorno para compensar las dificultades.
  • Ofrecer orientación a la familia sobre cómo apoyar sin sobreproteger.

¿Qué tipos de deterioro cognitivo leve existen?

1. Deterioro Cognitivo Leve Amnésico (aDCL)

Este tipo se caracteriza por una afectación predominante en la memoria episódica, es decir, la capacidad de recordar hechos, eventos personales o información aprendida recientemente.

Características:

  • Dificultad para recordar conversaciones recientes, citas, dónde dejó objetos o lo que hizo hace poco.
  • El resto de las funciones cognitivas (atención, lenguaje, funciones ejecutivas) suelen mantenerse preservadas.
  • En muchas ocasiones, este tipo de DCL es considerado como un posible estadio temprano de la enfermedad de Alzheimer, por lo que requiere seguimiento neuropsicológico continuo.

Subtipos:

  • Amnésico de dominio único: Solo hay afectación en la memoria.
  • Amnésico de dominios múltiples: La memoria está alterada junto con otras funciones cognitivas (como lenguaje o atención), lo que indica un mayor riesgo de progresión a demencia.

2. Deterioro Cognitivo Leve No Amnésico (naDCL)

En este caso, la memoria permanece intacta, pero hay alteraciones en otras funciones cognitivas.

Características:

  • Puede haber dificultades en:
  • Lenguaje (dificultad para encontrar palabras).
  • Atención sostenida o dividida (problemas para concentrarse o hacer varias cosas a la vez).
  • Funciones ejecutivas (como planificar, organizar o inhibir respuestas impulsivas).
  • Visoespacialidad (por ejemplo, dificultad para orientarse en un lugar nuevo o manipular objetos mentalmente).
  • Este tipo de deterioro puede reflejar el inicio de otras enfermedades neurodegenerativas diferentes al Alzheimer, como la demencia frontotemporal, la demencia con cuerpos de Lewy o la demencia vascular.

Subtipos:

  • No amnésico de dominio único: Solo un área distinta a la memoria está afectada.
  • No amnésico de dominios múltiples: Hay alteración en dos o más áreas cognitivas distintas a la memoria.

3. Deterioro Cognitivo Leve de Etiología Mixta

Algunos pacientes presentan un perfil cognitivo mixto, en el que se combinan síntomas de distintas categorías. Por ejemplo:

  • Alteraciones en la memoria y en la función ejecutiva.
  • Déficits de lenguaje junto con problemas visoespaciales.

Este tipo de presentación sugiere que pueden coexistir diferentes factores causales —por ejemplo, cambios neurodegenerativos junto con daño vascular— y requiere una evaluación detallada para poder establecer un plan de intervención integral.

4. Deterioro Cognitivo Leve Reversible o Secundario

En ciertos casos, el deterioro cognitivo leve no es producto de un proceso neurodegenerativo, sino de factores modificables, como:

  • Trastornos del estado de ánimo (depresión, ansiedad).
  • Trastornos del sueño.
  • Déficits vitamínicos (como la B12).
  • Efectos secundarios de medicamentos.
  • Enfermedades endocrinas o metabólicas (hipotiroidismo, diabetes no controlada).

Desde la neuropsicología, este tipo de DCL puede detectarse mediante una evaluación detallada y suele mostrar un patrón menos consistente y más variable en los test cognitivos, lo que da pistas sobre su posible reversibilidad si se trata la causa subyacente.

Detrás de cada tipo de DCL hay una historia única, una persona que tal vez comienza a notar que algo no va bien, aunque aún conserva su independencia. Es justo ahí donde el acompañamiento neuropsicológico marca la diferencia: al ofrecer claridad, contención y estrategias para fortalecer lo que aún permanece intacto.

¿Qué factores aumentan el riesgo de progresión?

Los siguientes elementos pueden acelerar el deterioro si no se controlan:

  • Enfermedades cardiovasculares no tratadas (hipertensión, colesterol alto, diabetes).
  • Sedentarismo físico y mental.
  • Aislamiento social y falta de estimulación.
  • Bajo nivel educativo o poca actividad intelectual.
  • Estrés crónico, ansiedad o depresión persistente.
  • Consumo excesivo de alcohol o tabaco.

¿Qué se puede hacer para preservar la función cognitiva?

Aunque no existe un “remedio mágico”, hay muchas acciones que han demostrado retrasar la progresión del deterioro y mejorar el rendimiento cognitivo:

  • Ejercicio físico regular, que estimula la oxigenación cerebral y promueve la neurogénesis.
  • Alimentación saludable, rica en antioxidantes, omega 3 y baja en azúcares refinados.
  • Estimulación cognitiva: crucigramas, lectura, juegos de memoria, clases o actividades nuevas.
  • Vida social activa: mantener contacto con amigos, familia y comunidad.
  • Buen sueño nocturno, clave para consolidar la memoria.
  • Manejo adecuado de enfermedades crónicas.
  • Acompañamiento psicológico, si hay síntomas emocionales asociados.

¿Qué implica la intervención temprana?

La intervención temprana es una estrategia preventiva más que curativa. En esta etapa todavía es posible:

  • Fortalecer las funciones aún intactas mediante plasticidad cerebral.
  • Enseñar estrategias compensatorias para las áreas afectadas.
  • Capacitar a la familia en cómo apoyar sin invalidar.
  • Aumentar la autonomía del paciente y su participación activa en el tratamiento.

Además, este enfoque permite que la persona participe de forma consciente y planificada en decisiones sobre su futuro: organización de recursos, cuidados y expectativas.

Conclusión

Presentar signos de deterioro cognitivo leve mientras se mantiene la funcionalidad no debe ser motivo de pasividad, sino una valiosa oportunidad para actuar. Reconocer estas señales, realizar una evaluación especializada con un neuropsicólogo y establecer un plan de intervención temprano puede marcar la diferencia entre una progresión acelerada y una vida prolongada con autonomía y buena calidad.

Detectar a tiempo es cuidar el futuro.