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Neurodivergencia infantil: reconocer desde primeros años

Giovana Femat Roldán 25 de junio de 2025 Padecimientos

Neurodivergencia infantil: reconocer desde primeros años

Cada niño se desarrolla a su propio ritmo. Sin embargo, cuando el proceso de crecimiento y aprendizaje muestra diferencias importantes con respecto al resto de los niños es posible que estemos frente a un caso de neurodivergencia infantil. Este término se refiere a las distintas formas en que el cerebro puede funcionar sin que eso signifique un defecto, sino una variante al desarrollo neurológico que merece comprensión, apoyo y atención especializada. 

¿Qué es la neurodivergencia? 

La neurodivergencia es un concepto que reconoce que no todos los cerebros funcionan igual. Algunas personas tienen una forma diferente de percibir, procesar y responder al entorno. Esto incluye a quienes viven con trastornos del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), dislexia u otras condiciones del neurodesarrollo atípico.

Identificar estas condiciones a tiempo puede marcar la diferencia en el bienestar y la calidad de vida de los niños y niñas, especialmente si se ofrece un acompañamiento profesional desde los primeros años. 

Dentro de lo que se suele englobar bajo la neurodivergencia, se encuentran varios trastornos o condiciones del neurodesarrollo y la neuropsiquiatría. A continuación, se describen algunos de los más frecuentes, recordando siempre que cada persona puede experimentar estas condiciones de forma única:

1. Trastorno del Espectro Autista (TEA)

El autismo es uno de los ejemplos más conocidos de neurodivergencia. Las personas dentro del espectro pueden presentar características como diferencias en la comunicación social, patrones de comportamiento repetitivos o intereses muy específicos. No hay un único tipo de autismo: se trata de un espectro con múltiples formas de manifestarse, lo que subraya la importancia de un abordaje respetuoso e individualizado.

2. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

El TDAH se caracteriza por dificultades para sostener la atención, impulsividad y, en algunos casos, hiperactividad motora. Las personas con TDAH pueden tener un estilo de pensamiento rápido, creativo y no lineal. En lugar de encasillarlo solo como una dificultad, cada vez más se reconoce la gran riqueza de ideas que pueden aportar quienes tienen esta forma de procesar la información.

3. Dislexia y otros trastornos del aprendizaje

La dislexia es una forma de neurodivergencia relacionada con la manera en que se procesan las palabras y los sonidos del lenguaje escrito. Las personas con dislexia pueden tener dificultades para leer de forma fluida, pero a menudo desarrollan habilidades excepcionales en pensamiento visual o resolución de problemas. Otros trastornos del aprendizaje, como la discalculia (dificultades con las matemáticas) o la disgrafía (dificultades para escribir), también forman parte de este grupo.

4. Dispraxia (Trastorno del Desarrollo de la Coordinación)

Se refiere a dificultades en la planificación y ejecución de movimientos coordinados. Las personas con dispraxia pueden enfrentarse a retos en tareas motoras finas o gruesas, lo que puede impactar su día a día en la escuela, el trabajo o las actividades cotidianas.

5. Síndrome de Tourette y otros trastornos de tics

El síndrome de Tourette implica la presencia de tics motores y vocales. Aunque puede generar incomodidad social, es una forma de neurodivergencia que pone en evidencia la variedad de formas en que el cerebro puede controlar (o no) los movimientos voluntarios.

6. Altas capacidades o superdotación

Algunas personas consideran que la superdotación intelectual también puede entrar dentro de la neurodivergencia, ya que quienes tienen una capacidad intelectual significativamente superior a la media pueden percibir, procesar y responder a la información de maneras muy distintas, enfrentando retos emocionales y sociales únicos.

Una mirada respetuosa y actual

Más allá de los diagnósticos clínicos, la neurodivergencia invita a comprender que la variabilidad neurológica es natural y que las diferencias no siempre deben ser “corregidas”, sino más bien apoyadas y valoradas. Cada persona merece ser vista más allá de su etiqueta diagnóstica, reconociendo fortalezas, desafíos y maneras singulares de aportar al mundo.

Por eso, quien se sienta identificado con alguna forma de neurodivergencia, o conviva con alguien que la experimente, puede encontrar valioso acudir con profesionales que ofrezcan un abordaje integral y respetuoso: neurólogos, neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales y especialistas en neurodesarrollo pueden acompañar este camino, siempre con empatía y sin perder de vista la dignidad y la individualidad de cada mente.

Señales tempranas de neurodivergencia 

Es importante observar con atención algunos comportamientos que pueden ser indicios de una forma distinta de procesar el mundo. Algunas señales tempranas que pueden presentarse en los primeros años de vida incluyen: 

  • Comportamientos repetitivos, como aleteo de manos o repetir sonidos sin motivo aparente, así como posturas corporales inusuales.
  • Aislamiento social, es decir, poco interés en jugar con otros niños o en compartir actividades con adultos. 
  • Respuestas emocionales intensas o planas ante situaciones sociales, o dificultad para entender normas sociales básicas.
  • Evitación del contacto visual. Puede manifestarse desde los primeros años de vida. 
  • Dificultades en la comunicación o uso atípico del lenguaje, como retraso en el desarrollo del lenguaje o dificultad para entender gestos o expresiones faciales. 
  • Preferencia por rutinas rígidas y resistencia a los cambios inesperados. 
  • Sensibilidad sensorial como molestia ante ruidos, luces intensas, texturas o contacto físico. Incluye también la búsqueda inusual de estímulos, como tocar todo, oler objetos constantemente.

Estas señales no significan automáticamente que un niño tenga un trastorno pero sí ameritan una evaluación especializada para descartar o confirmar un neurodesarrollo atípico, especialmente si afectan el desarrollo del niño o la vida familiar. 

El papel de la neuropsicología y un equipo especializado.

El proceso de evaluación bajo la sospecha de neurodivergencia debe ser realizado por profesionales del área de la salud mental y neurología infantil, entre ellos el neuropsicólogo o neuropsicóloga, quienes estudian cómo se desarrollan las funciones del cerebro en relación con el comportamiento el lenguaje la atención la memoria y la conducta social. 

La evaluación neuropsicológica permite conocer el perfil de desarrollo del niño, identificar sus fortalezas y dificultades y establecer un plan de trabajo personalizado. Esto es fundamental para lograr un diagnóstico temprano, lo cual aumenta significativamente las posibilidades de intervención oportuna. El trabajo conjunto con pediatría, neurología infantil, psicología, terapia de lenguaje y terapia ocupacional, permite una visión completa del niño y su entorno.

Además, el apoyo familiar es esencial. Los cuidadores son quienes mejor conocen al niño y su observación es clave para la detección precoz de los síntomas.También son quienes sostienen los cambios en casa y acompañan emocionalmente a sus hijos durante el proceso. Una intervención oportuna puede incluir terapia de lenguaje, trabajo en habilidades sociales, técnicas para mejorar la atención y el comportamiento y estrategias para la regulación emocional. El objetivo es ayudar a los niños a desarrollar sus capacidades al máximo con respeto y contención.

La inclusión educativa y el bienestar infantil 

Implementar intervenciones oportunas permite generar entornos escolares más adaptados y empáticos. La inclusión educativa no solo consiste en aceptar al niño en un aula regular sino en garantizar que tenga acceso a recursos, apoyos y una comunidad escolar que entienda sus necesidades. Además, el bienestar emocional infantil debe ser siempre una prioridad. Los niños pueden experimentar frustración, ansiedad o baja autoestima si no se sienten comprendidos. Por eso, el lenguaje que usamos, el trato que reciben y las expectativas que se generan, deben estar siempre basadas en el respeto.

Conclusión

La neurodivergencia infantil no es una enfermedad sino una forma distinta de desarrollo que requiere observación cuidadosa y un entorno que comprenda y acompañe. Prestar atención a ciertas señales como comportamientos repetitivos, la evitación del contacto visual o las dificultades en la comunicación, pueden ayudar a iniciar un proceso de evaluación temprano. Con un buen diagnóstico, un plan de intervención adecuado, apoyo familiar y la guía de un equipo profesional, los niños pueden integrarse con seguridad a su entorno y fortalecer su bienestar emocional.