Deterioro cognitivo leve: señales de alerta y cómo abordarlo
Giovana Femat Roldán 22 de febrero de 2025 Padecimientos

El deterioro cognitivo se define como una alteración en el funcionamiento del cerebro que afecta procesos mentales como la memoria, la atención, el procesamiento de información y las funciones ejecutivas. Estos cambios pueden impactar la vida diaria, y en algunos casos, ser una manifestación temprana de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer u otros tipos de demencia.
El deterioro cognitivo puede presentarse de manera sutil en las primeras etapas, lo que hace que muchas veces pase desapercibido. Sin embargo, ciertos síntomas pueden servir como indicadores de que el cerebro tiene dificultades para procesar la información de manera eficiente.
- Memoria: la persona experimenta olvidos frecuentes, sobre todo de eventos recientes, y tiene dificultades para recordar nombres o citas importantes. Es un cambio respecto a la situación basal.
- Atención: hay una disminución en la capacidad para mantenerse concentrado en tareas o conversaciones, lo que lleva a distracciones frecuentes. Pueden dejar actividades o hobbies que antes disfrutaban o manejaban adecuadamente.
- Procesamiento de información: se observa una mayor lentitud a la esperada para comprender textos, seguir instrucciones o tomar decisiones.
- Dificultad para concentrarse: tienen dificultades para seguir el hilo de una conversación, leer un libro o realizar múltiples tareas al mismo tiempo.
- Confusión: se presentan episodios en los que la persona pierde noción del tiempo o se desorienta en lugares conocidos.
- Funciones ejecutivas: problemas en la organización de actividades, dificultades para manejar el dinero o cumplir con responsabilidades.
- Deterioro funcional: se afecta la capacidad para realizar tareas cotidianas, como preparar comida o vestirse de manera adecuada.
- Trastornos del lenguaje: aparecen dificultades para encontrar las palabras adecuadas, lo que afecta la fluidez verbal y la comprensión.
- Cambios en el comportamiento: se observan alteraciones en la personalidad, como irritabilidad, apatía, ansiedad o menor interés en actividades sociales.

Evaluación neuropsicológica del deterioro cognitivo
Cuando hay sospecha de deterioro cognitivo, la evaluación cognitiva realizada por un neuropsicólogo permite determinar la magnitud del problema y sus posibles causas. Las pruebas neuropsicológicas permiten medir con precisión diversas funciones mentales y detectar patrones específicos de disfunción cognitiva. Por ejemplo, se evalúan:
- Memoria: aprendizaje, recuerdo inmediato y diferido
- Atención y velocidad de procesamiento: capacidad para enfocarse en estímulos y procesarlos de manera eficiente
- Funciones ejecutivas: flexibilidad cognitiva, planificación, toma de decisiones y monitoreo de resultados
- Lenguaje: comprensión, fluidez verbal y denominación de objetos
- Habilidades visuoespaciales: capacidad para reconocer formas, ubicarse en el espacio y copiar dibujos
Además, es importante considerar los antecedentes familiares, ya que existe un riesgo genético que puede predisponer a ciertas enfermedades neurodegenerativas. También se evalúan otros factores de riesgo, como hipertensión, diabetes, sedentarismo y otros hábitos poco saludables.
Intervenciones
Muchas formas de deterioro cognitivo pueden ser reversibles cuando están asociadas a condiciones médicas tratables. Sin embargo, en el caso de enfermedades neurodegenerativas, el objetivo del tratamiento es ralentizar la progresión del daño y mejorar la calidad de vida.
Desde el punto de vista de la neuropsicología, se utilizan diversas estrategias terapéuticas para optimizar el funcionamiento del cerebro. Identificar y abordar el deterioro cognitivo desde las primeras etapas permite aplicar estrategias que pueden retrasar su avance y mejorar la funcionalidad de la persona. Algunas intervenciones tempranas son:
- Estimulación cognitiva: incluye ejercicios diseñados para fortalecer la memoria, la atención y las funciones ejecutivas, como aprender nuevas habilidades.
- Neurorehabilitación: utiliza técnicas especializadas para mejorar el rendimiento cognitivo mediante terapias personalizadas. Estas pueden incluir entrenamiento en estrategias compensatorias y rehabilitación de funciones específicas.
- Modificación de factores de riesgo: se recomienda mantener hábitos saludables como una alimentación equilibrada, ejercicio físico regular y el control adecuado de las enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión e incluso hipoacusia.
- Apoyo familiar y psicoeducación: es esencial que los pacientes y familiares comprendan la naturaleza del deterioro cognitivo, especialmente en el contexto de una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer. Por lo tanto, parte del tratamiento incluye reconocer y manejar los cambios en la conducta y promover un entorno seguro y estructurado para la persona.
Conclusión
El deterioro cognitivo representa un desafío para la persona afectada y el resto de los miembros de su entorno familiar. La detección temprana mediante una evaluación cognitiva, detallada a través de las pruebas neuropsicológicas, permite intervenir oportunamente y mejorar la calidad de vida del paciente. En el enfoque de la neuropsicología, no sólo se trata de identificar la disfunción cognitiva, sino también de diseñar estrategias para optimizar el funcionamiento mental a través de herramientas como la estimulación cognitiva, la neurorehabilitación, entre otras.
Si se identifican algunas señales de alerta, es fundamental buscar ayuda médica profesional para evaluar el caso y aplicar estrategias apropiadas, buscando mantener la autonomía y bienestar integral de la persona por el mayor tiempo posible.
