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Neuropsicólogo: Demencia senil vs Alzheimer

El término «demencia senil» ha caído en desuso en la comunidad médica debido a su imprecisión y la falta de especificidad respecto a las diversas causas subyacentes de la demencia en la vejez. En lugar de eso, se habla más comúnmente de demencia tipo Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente a las funciones cognitivas.

¿Qué es la demencia?

La demencia es un síndrome clínico caracterizado por el deterioro progresivo de la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y la capacidad de juicio. Es importante diferenciarla de las pérdidas cognitivas normales asociadas con el envejecimiento.

El envejecimiento cerebral se refiere al proceso natural de cambio en el cerebro con la edad, pero no todos los cambios son patológicos ni conducen a demencia como en el caso del Alzheimer.

El Alzheimer se clasifica como un trastorno cognitivo debido a su impacto significativo en las capacidades mentales del individuo, afectando su vida diaria y funcionalidad y se caracteriza por un deterioro gradual de las funciones cognitivas y no por un deterioro abrupto. Afecta la función ejecutiva, que incluye habilidades como la planificación, la toma de decisiones y la resolución de problemas, además de la memoria y el aprendizaje.

La Neurodegeneración en el Alzheimer

La neurodegeneración en el Alzheimer implica la pérdida gradual de neuronas y conexiones sinápticas en áreas clave del cerebro, como el hipocampo y la corteza cerebral. Estas áreas son fundamentales para la memoria y el procesamiento de la información. Las causas exactas de esta neurodegeneración no están completamente comprendidas, pero se cree que implican una combinación de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida.

Síntomas y Progresión

Los síntomas del Alzheimer pueden variar en cada persona y a medida que progresa la enfermedad. Aquí te menciono algunos de los síntomas más comunes:

  1. Pérdida de memoria: Es uno de los síntomas más tempranos y notorios. La persona puede olvidar información recientemente aprendida o eventos importantes de su vida.
  2. Dificultades para planificar o resolver problemas: Puede tener problemas para seguir un plan o para trabajar con números. Esto puede manifestarse en tareas cotidianas como manejar las finanzas o seguir una receta.
  3. Dificultades con tareas habituales: Puede volverse difícil realizar tareas diarias como vestirse, bañarse o cocinar.
  4. Confusión con el tiempo o el lugar: Puede perder la noción del tiempo, olvidar fechas o incluso perderse en lugares familiares.
  5. Problemas con el lenguaje: Puede tener dificultades para seguir una conversación, encontrar las palabras adecuadas o llamar a las cosas por el nombre correcto.
  6. Desorientación y cambios en el juicio: Puede tener problemas para tomar decisiones razonables o hacer juicios adecuados.
  7. Cambios en el estado de ánimo o en la personalidad: Pueden aparecer cambios de humor, apatía, irritabilidad o incluso depresión.
  8. Pérdida de iniciativa: Puede mostrar una falta de interés en actividades que solía disfrutar.

Diagnóstico y Evaluación

El diagnóstico del Alzheimer se basa en la evaluación clínica de los síntomas, pruebas neuropsicológicas y, en algunos casos, estudios de imagen cerebral como la resonancia magnética. Es crucial realizar un diagnóstico diferencial para descartar otras causas de demencia, como la enfermedad vascular cerebral o la demencia frontotemporal.

Factores de Riesgo y Prevención

Entre los factores de riesgo conocidos para el Alzheimer se incluyen la edad avanzada, antecedentes familiares de la enfermedad, ciertos genes como el gen APOE ε4 y factores de estilo de vida como la falta de actividad física y una dieta poco saludable. Si bien algunos de estos factores no se pueden modificar, mantener un estilo de vida saludable que incluya una dieta balanceada, ejercicio regular, actividad mental y social puede reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Tratamientos Farmacológicos y No Farmacológicos

Actualmente, no existe una cura para el Alzheimer, pero existen tratamientos farmacológicos que pueden ayudar a mejorar temporalmente los síntomas cognitivos y conductuales en algunos pacientes. Estos tratamientos incluyen inhibidores de la acetilcolinesterasa y memantina, que actúan sobre neurotransmisores específicos en el cerebro afectado por la enfermedad. 

Además de la medicación, las terapias no farmacológicas como la estimulación cognitiva, la terapia ocupacional y la actividad física regular son fundamentales para mantener la función cognitiva y mejorar la calidad de vida del paciente.

Abordaje neuropsicológico de las demencias y el alzheimer

El abordaje neuropsicológico de las demencias, incluyendo el Alzheimer, es crucial para entender y manejar estas condiciones neurodegenerativas. La neuropsicología se centra en evaluar cómo los trastornos cerebrales afectan el comportamiento y las funciones mentales. En el contexto de las demencias como el Alzheimer, este enfoque se vuelve fundamental para varios aspectos:

  • Evaluación y Diagnóstico:

Los neuropsicólogos utilizan una variedad de pruebas y métodos para evaluar el funcionamiento cognitivo de los pacientes. Esto incluye pruebas de memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas y habilidades visuoespaciales. Estas evaluaciones ayudan a diferenciar entre los diferentes tipos de demencia y a establecer un diagnóstico preciso.

  • Planificación del Tratamiento:

Basado en la evaluación neuropsicológica, se desarrollan planes de tratamiento personalizados. Esto puede incluir estrategias para manejar los déficits cognitivos, mejorar la calidad de vida del paciente y apoyar a los cuidadores en el manejo de los síntomas.

  • Seguimiento y Pronóstico:

A lo largo de la progresión de la enfermedad, las evaluaciones neuropsicológicas periódicas ayudan a monitorear cambios en el funcionamiento cognitivo. Esto proporciona información crucial sobre la evolución de la enfermedad y permite ajustar el tratamiento según sea necesario.

  • Apoyo a Pacientes y Familiares:

La neuropsicología no solo se enfoca en el paciente, sino también en apoyar a los familiares y cuidadores. Proporciona información sobre qué esperar en cada etapa de la enfermedad, cómo manejar comportamientos difíciles y cómo optimizar el entorno para mejorar la calidad de vida.

  • Investigación y Desarrollo:

Los estudios neuropsicológicos contribuyen significativamente a la investigación sobre las demencias. Ayudan a comprender mejor los mecanismos subyacentes, identificar biomarcadores tempranos y desarrollar intervenciones más efectivas tanto para la prevención como para el tratamiento.

En resumen, el abordaje neuropsicológico es esencial en el manejo integral de las demencias, incluyendo el Alzheimer, ya que proporciona una comprensión detallada de cómo afectan estas enfermedades al funcionamiento cognitivo y emocional de los individuos, permitiendo así una atención más personalizada y efectiva.

Impacto en los Pacientes y Cuidadores

El Alzheimer no solo afecta a quienes lo padecen, sino también a sus familias y cuidadores. El manejo de la enfermedad puede ser emocionalmente agotador y financieramente exigente, especialmente a medida que progresa y se necesitan cada vez más cuidados especializados. 

Es crucial proporcionar apoyo emocional y recursos prácticos a los cuidadores, quienes desempeñan un papel fundamental en el bienestar del paciente. Por lo que es muy importante que al acudir con un médico especialista se hable de todas las inquietudes sobre el paciente y sobre los cuidadores.

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