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¿Qué es la Conducta Prosocial?

Giovana Femat Roldán 22 de enero de 2025 Padecimientos

¿Qué es la Conducta Prosocial?

Los comportamientos prosociales son los intentos de satisfacer la necesidad de apoyo físico y emocional de otra persona. Son conductas voluntarias que se adoptan para cuidar, asistir, confortar y ayudar a otros.

En el dominio de la ayuda se incluyen comportamientos de rescate, donación, asistencia, voluntariado y apoyo social y cada una de estas categorías incluye una amplia gama de comportamientos específicos.

Por ejemplo, se han considerado como prosociales conductas tan diversas como donar órganos, ser voluntario en organizaciones sociales y corregir una información incorrecta.

Tipos de conducta prosocial

Se han desarrollado diferentes tipologías de la conducta prosocial. Las categorizaciones más antiguas se caracterizan por ser exhaustivas e intentar distinguir en detalle entre las diferentes conductas. Estos tipos de conducta prosocial son:

  • Conducta prosocial de ayuda directa versus conducta prosocial de ayuda indirecta:

En la ayuda directa el observador interviene personalmente en la situación. En cambio, ayuda indirecta implica que busca la colaboración de otra persona que es quien interviene directamente.

  • Conducta prosocial solicitada versus conducta prosocial no solicitada:

Si la conducta se realiza en respuesta específica a un pedido será una conducta prosocial solicitada; en cambio, si se realiza motu proprio, se clasifica como no solicitada.

  • Conducta prosocial de ayuda identificable versus conducta prosocial de ayuda no identificable:

Este criterio trata acerca de si es posible identificar al benefactor, o si el acto de ayuda permanece como anónimo. Criterios personales, situacionales y temporales demarcan el grado en que la conducta prosocial realizada es identificable.

  • Conducta prosocial de ayuda en situación de emergencia versus conducta prosocial de ayuda en situación de no emergencia:

Se considera ayuda en situación de emergencia a aquella que ocurre en una situación que implica una amenaza o daño real, y en la cual, el peligro puede incrementarse con el transcurrir del tiempo. La ayuda en situación de no emergencia, en cambio, se presenta relacionada con sucesos ordinarios, previsibles y no ambiguos.

  • Conducta prosocial espontánea (no planificada) versus conducta prosocial no espontánea (planificada):

En la conducta prosocial espontánea o no planificada la ayuda que se presta es simple, constituyendo un hecho aislado. Supone un contacto breve con un desconocido, con el cual no existe una interacción futura.

¿Cómo se evalúa la conducta prosocial?

Existe una diversidad de instrumentos que miden conducta prosocial. Dicha evaluación psicológica puede tener tres fuentes distintas de información: el propio sujeto (auto-evaluación), sus pares, u otros asimétricos (por ejemplo, padres, profesores, experimentador).

Los instrumentos más relevantes son los siguientes:

  • Escala de Conducta Prosocial: 

Es una escala compuesta por quince ítems que evalúa las conductas de altruismo, de confianza y de agradabilidad a través de tres alternativas de respuesta en función de la frecuencia con que se den cada una de las conductas descritas.

  • Escala para la Medición de la Conducta Prosocial en Adultos.

Es una escala de dieciséis ítems, Tipo Likert y con cinco opciones de respuesta. Cada ítem refleja comportamientos y sentimientos que pueden ser incluidos en una de cuatro clases de acciones: de ayuda, de compartir, de cuidar, y ser empático con los otros.

  • Escala de Habilidades Prosociales para Adolescentes ([EHP‐A]:

La escala, destinada a adolescentes, se encuentra conformada por 20 ítems, distribuidos cuatro factores: Toma de Perspectiva; Solidaridad y Respuesta de Ayuda, Altruismo y Asistencia.

¿Qué factores promueven el desarrollo de la conducta prosocial?

Los padres, agentes relevantes de socialización, representan la cultura trasmitiendo de forma explícita o implícita los valores sociales a los niños. Por ello, el contexto familiar tiene gran influencia en el desarrollo de la conducta prosocial.    

Esto se apoya en evidencias empíricas ya que diversos estudios han comprobado que los padres:

(1) que aportan seguridad de apego

(2) que insisten fuertemente para que sus hijos no hieran a otros

(3) que les hacen reparar el daño cuando han dañado y/o agredido a otros

(4) que son modelos altruistas en sus relaciones con otros

(5) que refuerzan con aprobación social los actos espontá neos de sus hijos a compartir, ayudar o cooperar. 

En la actualidad se acepta que la televisión, el internet, los videojuegos, entre otros, son agentes socializadores secundarios de gran relevancia. Los niños, niñas y adolescentes pasan gran cantidad de horas delante de la televisión, en internet o jugando con videojuegos y lo que observan, junto con sus refuerzos, se convierte en modelos de comportamiento que ejercen una influencia sobre ellos. Así, la televisión se vuelve un recurso de experiencias de aprendizaje observacional muy importante en lo que se refiere a emociones, valores, normas y modelos.