Efectos de estrés crónico en evaluación neuropsicológica
Giovana Femat Roldán 20 de noviembre de 2024 Padecimientos

El estrés es una condición inevitable de la existencia humana y un factor determinante en el desarrollo de enfermedades físicas y mentales. En primer lugar, es necesario dejar establecido que el modelo cognitivo del estrés tiene un correlato eminentemente fisiológico en el lóbulo frontal del cerebro, por lo que es necesario reconocer que la experiencia del estrés se inicia en el cerebro, afecta al cerebro y al resto de los sistemas que conforman nuestro organismo.
Este estado de estrés crónico y distrés emocional «percibido», produce un impacto negativo en el sistema nervioso autónomo activando cambios bioquímicos y un desbalance hormonal que repercute en los sistemas endocrino e inmune, y en última instancia, en la salud del individuo.
El estrés crónico y el daño a la salud
El exceso de estrés puede causar, además, graves daños emocionales. La gente puede superar bien episodios leves de estrés sirviéndose de las defensas naturales del cuerpo para adaptarse a los cambios. Pero el estrés crónico excesivo, es decir, aquél que es constante y persiste por un largo período de tiempo, puede ser extenuante tanto en lo físico como en lo psicológico.
El estrés crónico, si no se trata, puede tener consecuencias adversas para la salud, entre éstas ansiedad, insomnio, dolor muscular, alta presión y debilitamiento del sistema inmunitario. Las investigaciones demuestran que el estrés puede contribuir al desarrollo de enfermedades graves tales como enfermedades cardíacas, depresión y obesidad.
Las consecuencias del estrés crónico son graves, particularmente porque éste contribuye a la ansiedad y la depresión. Las personas que tienen depresión y ansiedad tienen un riesgo dos veces mayor de tener enfermedades cardíacas que las personas que no tienen estas afecciones.

¿Qué lo provoca?
Por tanto, el estrés sirve como estímulo frente a situaciones importantes para la persona afectada, como puede ser la pérdida de un ser querido, la quiebra económica o frente a una boda. También puede servir como mecanismo de respuesta, según la Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad (SEAS), el estrés se manifiesta en una primera fase de activación o preparación de la persona frente a este estímulo; después hay un periodo de mantenimiento del estado de alta actividad y, por último, cuando se ha superado la situación, se pasa a una fase de agotamiento en la que la alta actividad cae bruscamente.
Respuestas adaptativas en el estrés crónico y su manejo
La respuesta adaptativa ante una situación de estrés crónico dependerá de la posible interacción entre las características propias de los factores de estrés, incluyendo su intensidad, duración y frecuencia y de la evaluación subjetiva de dichos factores, en función de los recursos con que pueda contar el sujeto para afrontarlos.
De esta manera, se ha descrito un modo «activo» de respuesta, de tipo defensivo, asociado a una situación de amenaza al control de la situación y orientado a defender o recuperar dicho control. Este tipo de respuesta adaptativa se asocia con una mayor actividad del SNA y se observa con mayor frecuencia ante situaciones de estrés agudo. Por otra parte, se ha descrito un modo «pasivo» de respuesta, asociado a una situación de pérdida del control y, por lo tanto, puede ser percibido subjetivamente como una derrota.
Tomar decisiones sensatas sobre su estilo de vida y su conducta es necesario para mejorar la salud en general y prevenir el estrés crónico. La clave para el manejo del estrés es identificar y modificar aquellas conductas que lo causan. Pero realizar estos cambios puede representar un reto.
Aún pequeños pasos, como salir a caminar diariamente, pueden ser de beneficio. Comenzar a realizar actividad física es un cambio pequeño pero eficaz en el manejo del estrés. La actividad física aumenta la producción de endorfinas, una sustancia que provoca una sensación de bienestar.
¿Cómo se diagnóstica el estrés en neuropsicología?
La forma más generalizada para diagnosticar el estrés es mediante una exploración por parte de algún experto. Estos realizarán uno o varios cuestionarios que permitirán identificar los casos de pacientes que padecen estrés. Uno de los cuestionarios más empleados es la “escala de estrés percibido”, (diseñada para medir el grado de estrés en determinadas situaciones de la vida). También hay otros que valoran los sucesos vitales estresantes o las consecuencias emocionales que pueden presentar las personas que son sometidas a mucho estrés.
Por otro lado, también puede utilizarse el DSM IV que incluye el estrés como un trastorno por estrés agudo (TEA) y diversos trastornos por estrés crónico, entre los cuales se destacan el trastorno por estrés postraumático (TEPT), que puede ser provocado por un fuerte impacto emocional ya sea de tipo bio-ecológico o psico-social y, fundamentalmente, el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), que resulta claramente identificado como resultado del impacto sostenido y prolongado de factores de estrés psico-social.
