Apraxia: Trastorno del movimiento voluntario poco conocido
Giovana Femat Roldán 9 de abril de 2025 Padecimientos

La apraxia es un trastorno neurológico poco comprendido, pero con un impacto significativo en la vida diaria de quienes lo padecen. Afecta la capacidad de ejecutar movimientos voluntarios previamente aprendidos, a pesar de tener la fuerza muscular y la coordinación física intactas. A menudo, este trastorno se produce por un daño cerebral que compromete la capacidad de planificar y secuenciar los movimientos. Su complejidad requiere la atención especializada de profesionales como el neuropsicólogo, quien desempeña un papel fundamental en su evaluación y abordaje.
¿Qué es la apraxia?
La apraxia es la dificultad para llevar a cabo movimientos voluntarios con fines determinados, no atribuible a debilidad muscular, falta de comprensión o alteraciones sensoriales. Las personas con apraxia saben lo que quieren hacer, pero no logran ejecutar los movimientos correctamente. Por ejemplo, pueden tener problemas para hacer un gesto con la mano, como saludar, o manipular objetos como un peine o un cepillo de dientes, aunque entienden su uso.
Este trastorno está relacionado con alteraciones en la planificación motora, un proceso complejo que involucra múltiples áreas del cerebro, especialmente la corteza parietal, que se encarga de integrar la información sensorial y motora.
Tipos de apraxia
Existen diferentes formas de apraxia, según la naturaleza del movimiento afectado y el área cerebral comprometida. Las más comunes incluyen:
1. Apraxia ideomotora
La persona tiene dificultades para realizar gestos simples o simbólicos, como decir adiós con la mano, imitar acciones o usar herramientas. Aunque pueden describir la acción verbalmente, fallan al ejecutarla.
2. Apraxia constructiva
Afecta la capacidad de organizar elementos en el espacio, como copiar dibujos, ensamblar figuras o construir estructuras. Está muy relacionada con los procesos visoespaciales y es común tras lesiones en el hemisferio derecho.
3. Apraxia del habla
Se trata de una alteración en la programación motora del habla. La persona sabe qué quiere decir, pero tiene dificultades para coordinar los movimientos de labios, lengua y mandíbula. Esto produce errores en la pronunciación, pausas prolongadas y habla laboriosa.
Cada uno de estos tipos puede presentarse de manera aislada o combinada, dependiendo del alcance del daño cerebral y otras secuelas neurológicas asociadas.

Causas de la apraxia
La apraxia suele ser consecuencia de lesiones en el cerebro, especialmente en áreas relacionadas con la planificación motora y el movimiento secuenciado. Algunas de las causas más comunes son:
- Accidente cerebrovascular (ACV)
- Traumatismos craneoencefálicos
- Enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la demencia frontotemporal
- Tumores cerebrales
- En algunos casos, puede estar presente desde la infancia, en el contexto de trastornos del neurodesarrollo
Los estudios por neuroimagen, como la resonancia magnética o la tomografía, son fundamentales para identificar el área afectada y planificar la intervención adecuada.
Evaluación de la apraxia
La evaluación de la apraxia requiere un enfoque clínico especializado y detallado. El neuropsicólogo es el profesional capacitado para realizar una evaluación neuropsicológica completa, que incluye pruebas específicas para valorar:
- La ejecución de gestos y movimientos dirigidos
- La imitación de acciones
- La manipulación de objetos
- Las capacidades de dibujo y construcción (en caso de apraxia constructiva)
- La articulación y fluidez del habla (en caso de apraxia del habla)
Además, se analizan las funciones ejecutivas como la planificación, la secuenciación y el control de la acción, aspectos que suelen estar comprometidos en este trastorno.
Impacto funcional de la apraxia
La apraxia puede interferir significativamente en las actividades cotidianas. Aunque la fuerza y la coordinación física estén preservadas, la incapacidad para ejecutar tareas aparentemente simples puede provocar frustración, pérdida de autonomía y dificultades en la interacción social.
En la apraxia del habla, el impacto emocional es especialmente fuerte, ya que limita la comunicación y puede aislar al paciente. En niños, esta condición puede alterar el desarrollo del lenguaje y afectar el rendimiento académico y social, formando parte de los trastornos del lenguaje o del neurodesarrollo.
Tratamiento y rehabilitación
No existe un tratamiento farmacológico específico para la apraxia, pero la rehabilitación neurológica centrada en la recuperación de funciones o en el uso de estrategias compensatorias puede ser muy efectiva. La intervención debe ser interdisciplinaria, con la participación de varios profesionales:
1. Terapia ocupacional
Ayuda a recuperar habilidades para la vida diaria a través de ejercicios prácticos de manipulación de objetos, planificación de tareas y adaptación del entorno.
2. Terapia del habla
Especialmente útil en la apraxia del habla, se enfoca en mejorar la precisión de los movimientos articulatorios y la fluidez verbal mediante repeticiones, ritmo, entonación y uso de claves visuales o táctiles.
3. Reentrenamiento motor
Involucra la práctica repetida de movimientos funcionales, lo que estimula la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para reorganizarse—, facilitando la recuperación parcial o total de la función perdida.
4. Apoyo psicológico y educativo
El abordaje emocional es fundamental, ya que la apraxia puede generar ansiedad, frustración y baja autoestima. En niños, se recomienda una colaboración estrecha con el entorno escolar.
Papel del neuropsicólogo
El neuropsicólogo desempeña un rol crucial en todas las etapas del proceso: desde la evaluación diagnóstica hasta la planificación del tratamiento. Su conocimiento sobre el funcionamiento cerebral y los mecanismos de planificación motora permite diseñar estrategias de intervención personalizadas. Además, colabora con otros especialistas para adaptar la rehabilitación a las necesidades específicas del paciente y seguir su evolución.
Conclusión
La apraxia es un trastorno neurológico poco conocido pero altamente incapacitante. Su diagnóstico e intervención requieren una mirada especializada y un enfoque integral, donde el trabajo del neuropsicólogo, junto con otros profesionales de la salud, es esencial. Aunque no siempre se puede lograr una recuperación completa, las intervenciones adecuadas pueden mejorar notablemente la calidad de vida de las personas afectadas.
La clave está en la detección temprana, el tratamiento individualizado y el compromiso con la rehabilitación neurológica, aprovechando la neuroplasticidad del cerebro para recuperar, compensar y readaptar las funciones comprometidas. Entender la apraxia es dar un paso más hacia una atención más inclusiva, efectiva y humana.
